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Hay momentos en la vida en los que uno desea con fervor jugar a
algo realmente entretenido, que deje un buen sabor de boca, y cuya
dificultad no nos deje nerviosos y fustrados.
Bruce Lee es el mejor ejemplo de lo que un buen juego de plataformas,
y cualquier videojuego en general, debe ser. Un juego donde, ante
todo, prima la diversión sin llegar a fustrar al jugador.
Los gráficos son aceptables en una primera impresión,
incluso pueden parecer algo simples, pero conforme se juega partida
tras partida uno los ve los mejores del mundo. Y es que la variedad
de escenarios, detalles, y la misma forma de los objetos, hace que
el juego rebose de personalidad y cobre vida propia.
El desarrollo puede ser facilón en algunos momentos, incluso
causar sensación de monotonia, pero al final siempre dice
uno "otra partidilla más y lo dejo"... así
durante horas, días, meses...
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